Los Caminos

Caminos a Guadalupe

Camino Real de Madrid 360 Km

Según me cuenta Antonio Dávila lo de Real le viene porque lo utilizaban los reyes. Ellos lo protegían. Este camino no podía ser rotulado ni invadido. El Camino Real fue la gran vía de comunicación de la época. Antonio me habla de ramificaciones que parten de Guadalajara, de El Escorial, de Segovia: desde los grandes santuarios de la Orden Jerónima. Por Madrid principalmente venían los reyes, gente de la corte; de Toledo sobre todo religiosos. Aunque la mayoría eran peregrinos que venían a conocer a la Virgen, gente que iba caminando para ver en persona el monasterio del que todo el mundo hablaba, gente como yo…

Camarena

Fuensalida

Hay momentos en el camino en los que será de tanto andar, me quedo ensimismado cuando llego a los pueblos. Eso me pasó a la entrada de Fuensalida. Justo allí me pareció oír un ruido de caballos sin procedencia clara, muy lejanos. Continué mirando al frente. Pero el ruido no cesaba. Entonces me detuve y eché la vista atrás. Pude ver las figuras recortadas contra el horizonte de Juan II y de todos los demás. “Usted sabe, nosotros apoyábamos al condestable, al Álvaro de Luna éste. Y no nos gustó que lo apresaran. Decían que es que había embrujado a Juan, que es que hacía todo lo que le decía. Pues si le hacía todo el caso del mundo puede ser, pero de ahí al embrujo, ¿no cree usted? Pues nosotros erre que erre con don Álvaro. Una rebelión en toda regla hicimos en Fuensalida. Vino hasta Juan II en persona. Lo que no sé qué pasó después. Creo que nos mataron al Álvaro. ¿De verdad que no le apetece nada?” No señora, de veras, que voy a ver lo que pasa en la plaza.

Torrijos

pergamino

Conversación Íntima

Carmena

Talavera de la Reina

Calera y Chozas

Como un bocadillo mientras veo a los ingenieros trabajar. Busco la sombra de uno de los árboles más cercanos a la estación para sentarme. Uno de los ingenieros que ha traído Primo de Rivera se detiene, suspira y se queja de que algo va mal. Me imagino el qué. Según he escuchado la cosa está muy parada. No sé de quién será la culpa pero el ingeniero más moreno está muy enfadado, casi enfurecido. No es posible que se haga algo así sin máquinas, picando a mano. Así no, así no, dice. En este proyecto de unir por tren Calera y Chozas con Villanueva de la Serena nadie parece contento. Menos los ingenieros. Los trabajadores por lo menos tienen empleo, ajenos a que pronto llega la Guerra Civil, los años del hambre. En frente de la Iglesia de San Pedro un señor con bastón y con muchas ganas de hablar me ha dicho que aquellos años fueron malos, que una vez que se detuvo el proyecto a aquella vía se la llamó la Vía del Hambre. Él recuerda que algún día comía solo patatas. Hoy día es diferente, me dice. Que sus nietos tienen fuerza para ir y volver a Guadalupe en bici, se ríe. Algún día haré esta ruta como sus nietos. Lo prometo.

Oropesa de Toledo

En el castillo me recibe Pepe Pino. Es apasionado y encantador. Se agradece. Él sabe todo sobre Oropesa. Me ha sorprendido ver a tantos niños correteando en las afueras del castillo. “Son los hijos de los condes, que les encanta jugar en la calle los días de viento como éste.” Nos cuesta andar y temo que se caiga el castillo. Al final entramos dentro. También en el palacio. Como San Pedro de Alcántara hoy no está, me quiere enseñar su alcoba. Me pide discreción y acepto. “A los condes no les gusta ver la puerta del santo abierta”, me informa. La estancia es ridícula, pequeñísima: solo una pequeña capilla y un tablón. Allí dormía. No me extraña nada de un hombre que solo comía pan, agua y cenizas, que iba descalzo. Me cuesta imaginar cómo recibirían los niños a una persona tan genuina; una persona que según Santa Teresa de Jesús era como raíces de lo delgado que estaba. Este santo fue el tutor de los hijos del Conde de Oropesa, Fernando Álvarez de Toledo, allá por el siglo XVI…

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Noche en el Palacio Condal de Oropesa

Puente de arzobispo

Villar del Pedroso

Hospital del Obispo

Llegada a Guadalupe por el norte

El Humilladero está cerca. Desde el templete los peregrinos veían por primera vez el monasterio y rezaban antes de descender. Oigo pasos en la nieve. Dos hombres caminan hacia mí. Se presentan. Uno de ellos es el doctor Gregorio Marañón. Vienen siguiendo a Enrique IV, que estuvo en 1435 en el Humilladero con su padre Juan. No los he visto, le digo. El doctor suspira. “Lo más seguro es que se hayan marchado.” Me dice que da lo mismo, que hablará con él en el monasterio: acaba de aparecer su tumba tras el retablo. Se marcha. Sigo las pisadas que dejó el doctor en 1946.

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Entrevista del Doctor Marañon a Enrique IV

Bienvenidos a Guadalupe

He llegado a La Puebla. Aquí finaliza mi viaje. He conocido a toda clase de personas en los caminos. Muchas de ellas eran de otros tiempos.

puebla de guadalupe
puebla
puebla

El fraile gira la plataforma en la que se encuentra la Virgen. Y ahí aparece Ella, con esos ojos negros que tanto han visto. Los que me acompañaron en el camino estuvieron aquí. Y Ella los vio llegar, y marchar, sin pestañear...

virgen de guadalupe
virgen
virgen

Me detengo en un fanal que pende del techo. Noto el fuerte oleaje, el ruido de la artillería en la batalla de Lepanto, los gritos de Murat Dragut y los arcabuces cristianos.

monasterio de guadalupe
Monasterio
Monasterio
Monasterio
Monasterio
Monasterio