Palacio Mirabel

Un hombre no me deja entrar. La granja es de propiedad privada. Aprovecho para descansar. En una hora no he visto a nadie, aunque por poco tiempo: ha salido don Miguel de Unamuno a dar un paseo. Según él se está mejor fuera. Le pregunto si todavía hay gente dentro. “He escuchado ruido de puertas. Hay mucho movimiento. Le aseguro que se está mejor aquí.” Pero no sabe decirme. “Cada vez que salgo del cuarto el ruido desaparece. A veces creo que esas cosas son solo mías. Aquí fuera me libro de esa sensación. Al volver a entrar de nuevo ocurre. No sé si es dentro de la granja o dentro de mí. Tal vez sea un aviso. ¿Pero de quién?” A mí me ocurre algo parecido, le digo. No sé si las voces que escucho son del pasado o del presente. ¿Qué diferencia puede haber, don Miguel? A usted le oigo perfectamente. Le dejo turbado. De nuevo quedo solo. Descubro la causa de los ruidos de Unamuno: los Reyes Católicos se hospedan en la granja, como hacen cada vez que vienen a Guadalupe. Acaban de firmar una carta por la que le conceden dos carabelas a Cristóbal Colón. Está fechada a día 20 de junio de 1492. Me lo ha dicho el mensajero, otro de los que han molestado a don Miguel.

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