Hay momentos en el camino en los que será de tanto andar, me quedo ensimismado cuando llego a los pueblos. Eso me pasó a la entrada de Fuensalida. Justo allí me pareció oír un ruido de caballos sin procedencia clara, muy lejanos. Continué mirando al frente. Pero el ruido no cesaba. Entonces me detuve y eché la vista atrás. Pude ver las figuras recortadas contra el horizonte de Juan II y de todos los demás. “Usted sabe, nosotros apoyábamos al condestable, al Álvaro de Luna éste. Y no nos gustó que lo apresaran. Decían que es que había embrujado a Juan, que es que hacía todo lo que le decía. Pues si le hacía todo el caso del mundo puede ser, pero de ahí al embrujo, ¿no cree usted? Pues nosotros erre que erre con don Álvaro. Una rebelión en toda regla hicimos en Fuensalida. Vino hasta Juan II en persona. Lo que no sé qué pasó después. Creo que nos mataron al Álvaro. ¿De verdad que no le apetece nada?” No señora, de veras, que voy a ver lo que pasa en la plaza.

Interior iglesia San Juan Bautista