Llegada a Guadalupe por el Sur

El puente nunca se utilizó. Primo de Rivera quería unir por tren Talavera de la Reina con Villanueva de la Serena. En 1962 se abandonó el proyecto. Uno puede hacer este último tramo en solitario, o esperar la compañía de los del bosque. Los llamo así porque estuve con ellos allí. Cada vez que se escucha una rama crujir, es que alguno viene… El primero fue Hernán Cortés. Traía el escorpión que le picó en México. Curiosa ofrenda para La Morenita; Pizarro, Orellana, todo el que regresa de las Indias le lleva algún detalle: como Pedro de Alvarado, que venía de Guatemala portando orgulloso una corona de plata. Cervantes arrastraba dos cadenas y un grillete de su cautiverio en Argel. Nos habla en su último libro de un monasterio que estaba lleno de “muletas que dejaron los cojos, ojos de cera que dejaron los ciegos, brazos que colgaron los mancos… buscando los cautivos dónde poner las cadenas porque en el templo no cabían”. Muchos reyes han cruzado el bosque, con sus caballos al galope, más ruidosos que cualquiera de los otros con los que estuve: Felipe II se dirigía a Lisboa, donde le han nombrado rey de Portugal por la muerte de su sobrino Sebastián. Ha estado más de un mes e Guadalupe. Lope de Vega va tras él, a unos mil días de distancia. Se va a enrolar en una expedición a Las Azores. Al igual que su padre, Felipe III sería nombrado rey portugués. Acaba de jurar el trono y Góngora le acompaña. Vienen de Lisboa. En el otoño de 1619 les recibirán en Guadalupe con fuegos artificiales y toros en el Patio de la Botica. A Góngora se le veía cansado. Entiendo su fatiga. Cada vez que algún peregrino viene por aquí, de nuevo lo mismo: ruido de ramas y salir al camino. Eso si queremos que nos acompañe…

Río Guadalupejo desde viaducto