CONVERSACIÓN ÍNTIMA

Rodrigo no me quiso hacer ningún mal cuando le dijo a mi madre que la idea de hacernos mártires era mía. Seguro que fue mía. Ya sabes Padre que quisimos ser decapitados en tierra infiel, y de niños nos escapamos a pedir limosna, para eso, para marcharnos a que nos decapitaran en tierra de moros. Pero mi tío nos cogió, y tuve que contentarme con construir ermitas en la huerta con piedrecitas que pronto se caían, así era ya mi amor por Ti. Tal vez morir hubiera sido lo fácil... Quiero que protejas a Rodrigo, y a Hernando, y a todos mis hermanos, que Tú esta vez sí te has querido llevar tan lejos. Aunque lo peor es sentir que por muy lejanas que estén las Indias, más lejano te siento a Ti. He querido morir para abrazarte, pues mi cabeza no es nada junto a mi cuerpo si no está junto a Ti. No quiero ofenderte, y lo que te digo te lo digo como una hija: ¿por qué estás tan esquivo conmigo? Cuando creo tenerte te me escurres entre los dedos. Me resulta insoportable no saber si lo que digo llega a Ti, a mi único Padre. Desespero de creerme sola. Igual es egoísmo el quererte tan cerca, pero no concibo el poder estar oculta a tu mirada. Perdona Padre si no he sabido hablar más claro, solo Tú sabes lo alto que he creído pronunciar tu Nombre. Prefiero la muerte a esta sequedad. No saber si me la concederás es lo peor. Dame solo unos segundos de Ti, al que tanto amo, como hiciste con San Agustín, o San Pablo de Tarso. Hazme caer del caballo. Concédeme el privilegio de levitar bajo tu manto. Sé que no han sido modos los de nuestra orden. Que no han sido formas de alcanzarte. Pero la quiero reformar, la voy a reformar. Nos hemos descuidado, lo sé Padre. Pero vamos a volver a la austeridad, a la soledad de la clausura, a humillarnos. Como hace Pedro de Alcántara, al ayuno. Vengo de Guadalupe, de estar con la Madre a la que hace mucho consagré mi vida, y ella sabe que no he probado bocado en tres días. Sé que ése es el camino Padre, pues es en los días de ayuno cuando te siento más cerca, cuando más lejos me veo del suelo que piso. A Ella me he encomendado para la reforma del Carmelo. Ahora se me hace difícil decir lo que siento: ¿no será demasiado tarde Padre? Todo lo que quiero es gozar sin entender, gozar de lo que no se puede entender: ¿cómo querer comprender lo que sobrepasa nuestro entendimiento? ¿Cómo reducir lo indeleble a palabras? Acaso solo tengamos que inventar nuevas palabras, palabras que no quepan en una hoja… Espero Padre, que Tú si me entiendas, que me quieras entender. Hazme ver…