Teatro y Anfitetatro Romano

Estoy en la grada superior, la Summa Cavea. Me siento lo más alejado posible del proscenio. Respiro hondo y pido silencio en mi rústico latín: tacete, tacete. Quiero escuchar la acústica del teatro romano y la señora de la stola sigue hablando. Va a comenzar el Edipus de Lucio Anneo Séneca. Creía que no estaba escrita para ser representada. “Iam nocte titam dubius expulsa redit…” Diez minutos de función. Me aburro. Quiero ir al anfiteatro y pregunto. Ubi est amphitheatrum… parece que me ha entendido. “Hodie non sunt leones”, me dice. Pues vendré otro día cuando haya leones. Nos despedimos con un apretón de manos.

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Teatro romano desde escena