Catedral de Toledo

Llevo un tiempo impreciso sentado en un banco frente a la catedral. El continuo parloteo de los turistas es lo único que escucho desde que me senté. Excursiones llegan desde el Alcázar, paran, fotografían, y se van. Todos hablan y hablan. Ninguno se detiene a respirar. Para ellos no es más que una parada dentro de la ruta. Yo prefiero la quietud de un banco. Desde aquí soy yo el que ve las cosas pasar. El Cardenal Cisneros ha comenzado su peregrinaje a Guadalupe esta misma mañana. Ha salido de la Catedral con la tranquilidad que le infunde saberse protegido por la Virgen en la campaña de Orán. Nadie reparó en él, solo yo, el único que no habla, el único que no ve la catedral tras el objetivo de una cámara. Como ese guía turístico que no calla, que cuenta que tras liberar el Cardenal a los 300 presos cautivos en Orán, éstos fueron a Guadalupe, a dejar sus cadenas en los muros del monasterio. Nadie, salvo yo, escucha el molesto ruido del metal sobre el empedrado.

Interior ábside

Pies nave central

Puerta de turistas

Plaza del Ayuntamiento